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Los sulfitos son probablemente una de las sustancias que genera mayores mitos en el vino, y en realidad son prácticamente inofensivos en la inmensa mayoría de las personas.

Los sulfitos son de origen natural y, aunque el vino durante la fermentación libera una pequeña cantidad de sulfitos, la mayoría de los enólogos también agregan sulfitos suplementarios al vino para ayudar a protegerlo contra el deterioro y la oxidación, así como para evitar la aparición de bacterias o microorganismos dañinos para el organismo. Añadir sulfitos al vino es algo así como añadir cloro al agua para poder hacerla potable. Por otro lado las cantidades añadidas están reguladas y son ínfimas.

A los sulfitos, quizá porque su nombre tan «químico» no le hace justicia, las leyendas urbanas los culpan con frecuencia de los dolores de cabeza y las resacas. Pero, según la ciencia, esto es completamente falso. El origen de los dolores de cabeza y la resaca (así como de otros dolores corporales) es el alcohol, o más exactamente el exceso de alcohol. Cuando ingerimos alcohol en exceso, el organismo lo transforma en acetaldehído, un compuesto orgánico metabolizado en el hígado a partir del etanol, y es este compuesto de alta toxicidad el que produce todos los malestares. Además, el alcohol produce deshidratación, que puede agravar los síntomas.

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